jueves, 31 de diciembre de 2009

Telón!

Sé que todos los escénicos y teatreros empedernidos entenderán este post.
Feliz 2010!!!

sábado, 17 de octubre de 2009

A PIE DESCALZOS, VAMOS


Todas aquellas personas que alguna vez nos hemos topado con la vida y obra de San Francisco de Asís podemos decir con toda seguridad y sin temor a equivocarnos que se trata de un santo con letras mayúsculas. Francisco es conocido en la Iglesia como el santo de la naturaleza, razón por la cual resulta siendo muy actual, en virtud de la creciente preocupación por el medio ambiente. Hay otros elementos que también lo definen, algunos de los cuales comparte con otros santos, a saber, la castidad y la obediencia. Sin embargo, aquello que lo distinguió históricamente y en su relación con Dios es su profundo amor a la pobreza. Francisco de Asís decidió abrazarla con todo el corazón debido a que sabía que a través de ella se hacía ligero: nada lo ataba, nada lo sometía, no poseía nada. Este hecho en su vida resulta también muy actual, y tiene mucho que decirnos en un mundo como el de hoy que nos habla de comprar y vender, de tener y ganar, de poseer más y más, un mundo que nos habla de consumir hasta hartarnos. El encuentro de Francisco con la que él mismo llamó, la hermana pobreza es un hecho conmovedor. Todos los que sabemos o hemos leído alguna vez su biografìa, podemos dar fe de ello.
Es por esto mismo, que una historia de teatro como la de A pie descalzos, vamos tendría que estar a altura de una gran vida como esta. Veamos...

En efecto, la obra se encuentra muy bien lograda a nivel musical. Los arreglos son encantadores y la preparación vocal es de carácter superior. Sin embargo, la obra adolece de un problema: no va hacia ningun lado. A la tercera canción nos seguimos preguntando qué es lo que quiere Francisco, cuando llegamos a la quinta, ya nos parece que sabemos, pero una vez más se nos escapa de las manos. La obra retrata momentos de la vida franciscana, por ello mismo se torna episódica, es decir, es solo una narración de evento tras evento, cada uno de los cuales no es generado por el anterior, ni menos generador del siguiente. La razón de ello es muy sencilla y es que la vida de una persona no tiene acción dramática, y evidentemente la vida de Francisco tampoco, o en todo caso, es una acción dramática demasiado débil. Llegar a ser pobre es algo que no podemos verificar, o en todo caso. verificamos casi al instante, luego de lo cual no hay nada más por perseguir. Ahora bien, estas percepciones son de caracter estrictamente dramático. A nivel personal, Francisco sí quiso lograr cosas en su vida, pero la obra no aprovecha del todo la riqueza de su vida interior, ni estas búsquedas franciscanas para, tomando un elemento, trabajarlo a fondo.
A pesar de ello, la obra resulta atractiva a nivel musical, y las actuaciones de Haydee Cáceres y Gianfranco Brero son muy buenas. Las coreografías están, además, muy bien logradas.

No desanconsejo en absoluto ver la obra. Por el contrario, los animo a no perdérsela en las últimas funciones que quedan. Hacerlo les permitirá conocer la vida de este gran santo y profundizar en su espiritualidad. Por otro lado, varias de las canciones les tocarán el alma, finamente el teatro tambien trata de eso: tocar profundamente el corazón.
Aquí un enlace a un video sobre la obra:

miércoles, 23 de septiembre de 2009

ESPERANDO LA CARROZA


Hace algunos años, cuando aún era un niño, y solía jugar con los amigos del barrio tenía una costumbre que compartíamos con todos los compinches de travesuras: sentarnos en un muro que se ubicaba a media cuadra del lugar donde vivíamos. El dichoso murito era sumamente cómodo, privado, tenía un calor especial. Cuando se estaba sentado sobre él, uno tenía la sensación de mirar el mundo, de tener el mundo en la palma de la mano. Esto no es poca cosa, si consideramos que solo éramos unos niños y no estabámos más que en el medio de la calle.

Muchos años después, y gracias a una obra de teatro comprendí por qué nos sentíamos así, por qué nos creíamos superiores cuando estábamos sobre es muro, por qué nos daba la sensación de poder hacerlo todo, de ser dueño de todo. Ocurre que justo enfrente del muro se encontraba una ventana muy grande, por la que cualquiera de nosotros hubiéramos entrado con el tamaño que teníamos. Dicha ventana daba al comedor de una casa. Dicho de otro modo, cada vez que nos sentábamos a conversar sobre el muro, asistíamos también al momento más íntimo de esta familia, a la cena de las 8, a la discusión más agitada, a las conversaciones más secretas; razón por la cual la dueña de casa hacía uso de todos sus recursos para, como ella misma decía, largarnos de ahí.
La obra de la cual hablo es, como se habrán enterado por el título, Esperando la Carroza. Y digo que pude comprender esta parte de mi vida justamente porque Esperando... empieza con una escena crucial: solo vemos dos ventanas cerradas, que al abrirse, nos hacen testigos del dolor de una familia. Este abrir de ventanas es casi una invitación a fisgonear en sus vidas, en un día cualquiera de sus vidas, una entrada a auscultar el agujero más recóndito de sus existencias. Eso es lo que hacíamos, sin darnos cuenta, cuando éramos chicos: ver el mundo a través de esa ventana.

La obra, a partir de este detalle, es el relato conmovedor de un domingo cualquiera en la vida de una familia de clase media, que se ve, de pronto, sorprendida por la repentina pérdida de la madre de todos, una casi senil octogenaria, interpretada por la magnífica Delfina Paredes, de la cual nadie se quiere hacer cargo por las terribles esfuerzos que ello demanda.

Jacobo Langsner retrata fielmente la ideosincrasia de esta familia y de todas las de su clase, las de nuestra clase. Muestra nuestra forma de vida, nuestra maneras de comportarnos, y a partir de una anécdota, nos hace ver con gra maestría cómo los seres humanos somos: oscilantes entre la sinceridad y la hipocresía; entre el amor y el desinterés; entre la desidia y el compromiso.

Langsner abre una ventana no solo en el escenario, sino que con gran compasión nos permite también abrir nuestras propias ventanas para mirar y descubrir con asombro que podemos ser aquello que miramos con asombro.


domingo, 9 de agosto de 2009

MAL DE JUVENTUD


Reza algún dicho que la vida es un ensayo para nada, que vamos en este camino intentando formas y maneras de vivir a manera de preparación para un debut que nunca llega. En ese camino, nos equivocamos, nos caemos y nos damos de cara contra la pared, caemos como una papa, y más rapido que volando nos levantamos, nos sacudimos la tierra, y seguimos andando.

Dicen tambien que la edad llamada a cometer esos errores es la juventud, que ella se encuentra plagada de errores y desaciertos, de metidas de pata y yerros en el camino. Todo esto la hace tan fascinante. Digamos que tenemos licencia para matar. Muchos, al ver que esa juventud ha quedado atrás, se sienten profundamente tristes, frustrados y desolados. La licencia expiró y no hay opción a renovarla. Como dice la publicidad de un conocido banco, el tiempo pasa solo una vez. Una vez que ocurrió, no vuelve más, no regresa. Cada momento es único, irrepetible y pleno. La razón, muchas veces para perdernos ese regalo es que vivimos en el lastre del ayer o en el incierto e inexistente futuro. Un futuro que nunca llega, que nunca asoma, al que no se le conoce la cara, pero muchos se hacen viejos esperando.

Cuando la vejez llega- y no me refiero solo la cronólogica- no se puede dar vuelta en U. No hay más. No hay derecho a devolución.

Todo esto me hizo pensar la obra "Mal de Juventud" de Ferdinand Bruckner, dirigida por mi amigo Jorge Villanueva, en el CCPUPC. La obra me hizo recordar aquellas licencias que me di, esas travesuras inenarrables en un blog tan decente como este, las picardías adolescentes y los excesos cometidos. Lo recordé y me reí a solas, y las travesuras se hicieron presentes nuevamente.

Aunque la obra ya no está en escena, recomiendo todas aquellas dirigidas por Jorge Villanueva, sobre todo por la agudeza y por la precisión con que toca diversos temas, sobre todo, los más actuales, aquellos que nos remecen. Y es que si uno regresa del teatro de la misma manera como fue, entonces la obra no ha servido para nada. Lo escénico tiene que desinstalarnos, movernos, inquietarnos. Puede y debe hacernos pensar, sentir. Puede incluso despertar odios y rabias, finalmente, de todo ello se nutre para seguir vivendo.


domingo, 2 de agosto de 2009

ESTA OBRA ES UN DESASTRE


Conocí a Micheal Frayn hace muy poquito, con Copenhangue. Era la primera vez que veía una obra suya y me pareció genial, de una calidad admirable. Por eso mismo, cuando me enteré de que otra de sus obra iba a estar sobre nuestra tablas, me decidí a verla. La obra se titula "Esta obra es un desastre", aunque en realidad, está lejos de tal cosa. El título en inglés original es Noises off, algo que traducido al español sería una cuestión parecida " bulla alla fuera..." o algo así. La trama es simple: un grupo de teatro, liderado por un director frustrado emprende la tarea de poner en escena una obra llamada Esta ropa hay que quitarse, y cuyo título original en inglés es Notihng on. La traducción de esto vendría a ser algo así como "sin nada" o "sin ropa" o "sin nada encima"; vale decir, calatos, en bolas, en cueros , en fin. Originalmente, nada tendrìa que salir mal, si no fuera por el hecho de que el elenco está conformado por una actriz sorda, un viejito olvidadizo de sus textos, un galán hipocondriaco e hipersensible, una actriz harta de seguir actuando, entre otras perlas. Además el equipo de producción está conformado por una asistente asustadiza y enamorada platónicamente del director, y un tramoyista que no duerme hace cinco días. El resultado es fácil de imaginar: un completo fracaso. Lógicamente, este fracaso es el de la obra dentro de la obra, porque la obra de Frayn se vuelve deliciosa e inconteniblemente graciosa. Existe en todo momento un manejo fino del humor.

Por otro lado, la obra de Frayn nos muestra, sobre todo en el segundo acto la manera en la cual se pueden aprovechar todos los aspectos escénicos. En ese sentido, la escenografía es todo un personaje, con un lenguaje propio y un sello importante y crucial para el desenlace de la historia.

Como dato anecdótico, comentaré que una amiga hace poco me comentó que las relaciones interpersonales en el teatro pueden estrecharse mucho, lo cual es verdad; sin embargo también puede ocurrir lo contrario: el odio más descarnado y descarado, como ocurre con la obra dentro de la obra. Los personajes terminan odiándose el uno al otro, amándose y odiándose al mismo tiempo.

Esta obra es un desastre es una obra altamente recomendable por la precisión del texto y de la puesta, que son de una categoría importante.

Vale la pena asistir a ver descalabros, fracasos y desprópositos. El teatro enseña una vez más: en todo y de todo podemos nutrirnos, incluso de aquello a los que hemos decidido llamar desastre.



domingo, 26 de julio de 2009

El Montaplatos


Las clasificaciones siempre son difíciles, mas aun cuando se trata de clasificaciones humanas. Siempre serán arbitrarias y estarán enfocadas en encasillarnos en ciertos tipos de patrones, de comportamiento, de razas, de creencias, etc. Sin embargo, aunque odiosas, pueden resultar oportunas. De ello va "El Montaplatos" de Harold Pinter, de clasificaciones, y por qué no, de calificaciones. La obra trata sobre dos asesinos a sueldo que se encuentran en el supuesto sótano de un edificio, a la espera de recibir las órdenes que los lleven a eliminar a su próxima víctima. De pronto, comienzan a recibir una serie de extraños pedidos culinarios provenientes de los primeros pisos del edificio en cuyo sótano se encuentran. Ambos no entienden bien el porqué de aquellos pedidos. Es en este punto donde empieza la cuestión más interesante de la historia. Por un lado tenemos a Ben, interpretado por Gonzalo Molina, incapaz de preguntarse a sí mismo de dónde proviene todo ello, el porqué de su situación de espera particularmente extraña, la identidad de sus jefes, la razón de su ocultamiento. Simplemente obedece, nada más. No hay que preguntarse demasiado. Cumple un trabajo, está a la espera de las órdenes y cree que estas serán lo que más le convengan. Por otro lado, tenemos a Gus, encarnado por Andrés Salas, como el típico cuestionador del orden, el típico subvertor del staus quo. Aquel a quien las ordenes no le son suficientes, que necesita saber, pensar, ir más allá. Es sintomático que ambos se encuentren en un sótano, a la espera de las instucciones disparatadas e incomprensibles de "los de arriba". Y es que ambos personajes configuran de manera muy bien lograda lo que somos en parte los seres humanos, o mejor dicho, materializan dos tipos diferentes de personas. Tal vez deberíamos preguntarnos a cuál de ellos pertenecemos, cuál de ellos somos. De hecho, el final que les espera en la obra a cada uno de ellos es singular ... recibe el merecido que se había ganado por querer ir más allá, mientras que ... es testigo del ocaso de su compañero. Preguntar no siempre es conveniente, nos dice la obra...y sin embargo nos hace mas libres???La pregunta queda abierta sedienta de respuestas. Quizás por eso debe ser una de las obras mejor logradas de Pinter, porque al final de esta nos permite asumir una de las dos posturas: preguntar y cuestionar, o callar y aceptar lo que no entendemos.

Creo que lo seres humanos tenemos de ambos, aunque nos inclinemos más hacia uno de los dos lados. Quizás sea por eso que siempre me ha ganado problemas ajenos, por preguntar. No digo que sea lo mejor, simplemente que siento encajar más con uno que con otro.

Finalmente, la pregunta se deja abierta; de qué lado estaremos: de los que callan o de los que hablan...

jueves, 2 de julio de 2009

HERAUD, el corazón volador


Los caminos por los que nos suele llevar la vida son extraños. Hay situaciones a las que no les tomamos importancia y luego de algùn tiempo cobran una reverberancia sin par.

Hace unos tres años me encontré ante la tarea académica de ahondar en la vida de algún personaje ilustre de nuestra historia y que haya aportado cuestiones interesantes en materia política, intelectual o artística. Mi trabajo fue sobre José de la Riva Aguero y Osma; sin embargo fue mi segunda opción. En un principio el personaje seleccionado fue el gran y mítico Javier Heraud. El poeta Javier Heraud, el joven Javier, el soñador Javier, el camarada Javier. Mi profesor, que sufría de una miopía no solo física, y por la que llevaba un par de anteojos potos de botella que le hacían ver los ojos del tamaño de un par de pepas de palta, sufría tambien de una cierta estrechez mental, digamos para ser buenos, de una falta de horizonte. Ante mi elección inicial soltó un contundente y sonoro No. No hay mucho que hablar sobre él. PLOP!!Perdón???Que no hay mucho que decir sobre él? En fin... Sin embargo, me empeciné en leerlo, en saber sobre su vida, en enamorarme de la fuerza de sus ideales...hasta que la semana pasada nos encontramos cara a cara.

Tuve la oportunidad de ir a ver HERAUD, el corazón volador(La pasión segun Javier Heraud) y fue una experiencia magnífica. Por eso digo que la vida tiene caminos extraños. Salvando las alucinantes diferencias entre él y yo, me vi reflejado en su vida, en su pasión, en su amor por aquello en lo que creía.

Mi generación-es verdad- es una descreída de la politica, y tiene razón para ser así. Hoy por hoy, pocos estarían dispuestos a sacrificar su vida por un ideal político. Todos nuestros muros ya se han caído. Con todo, más allá de tales o cuales ideologías, Heraud fue un hombre de ideales. Mucha vida para poco cuerpo. Tal vez por eso tuvo que morirse tan joven.

La obra está muy bien dirigida. Hay una suerte de montaje expresivo que se maneja en base a colores y luces. La dramaturgia es precisa, certera, una bala al corazón.

Así salí de la sala: como si una bala me hubiera traspasado el alma, como si una fina daga me hubiera cercenado el cuello, conmovido ante tanta pasión en una sola vida.

Por lo demas, la historia está llena de frases llenas de pulso. Un pulso que nos marca el mismo Javier Heraud desde el siempre, desde el antes, desde el hoy.

Probablemente uno de los momentos más bellos es cuando los personajes se preguntan para qué se escribe un poema: para dejárselo a alguien, para dejárselo a nadie, para ser el centro del universo, para alcanzar la plenitud, para tocar el sol, para ocultarse detrás de él, para no gastar ni consumir la vida en nada...La pregunta está llena de contenido. La respuesta, aún más.

Hoy, la voz de Javier Heraud sigue sonando, talvez ya no por los conceptos de sus ideales políticos, como por la fuerza como se llevan a cabo. Ojalá que aprendamos y conozcamos un poco de él. Tal vez un día podamos decir con pasión como él dijo: "Yo nunca me río de la muerte.
Simplemente sucede que no tengo miedo de morir entre pájaros y arboles..."



Aquí algo más de él...


El Río
1
Yo soy un río,

voy bajando por las piedras anchas,

voy bajando por las rocas duras,

por el sendero

dibujado por el viento.

Hay árboles a mi

alrededor sombreados

por la lluvia.

Yo soy un río,

bajo cada vez más

furiosamente, más violentamente

bajo

cada vez que un

puente me refleja

en sus arcos.

2
Yo soy un río

un río

un río

cristalino en la

mañana.

A veces soy

tierno y

bondadoso.

Me

deslizo

suavemente

por los valles fértiles,

doy de beber

miles de veces

al ganado, a la gente dócil.

Los niños se me acercan de

día,

y

de noche trémulos amantes

apoyan sus ojos en los míos,

y hunden sus brazos

en la oscura claridad

de mis aguas fantasmales.

3

Yo soy el río.

Pero a veces soy

bravo

y

fuerte

pero a veces

no respeto ni a

la vida ni a la

muerte.

Bajo por las

atropelladas cascadas,

bajo con furia y con

rencor,

golpeo contra las

piedras más y más,

las hago una

a una pedazos

interminables.

Los animales

huyen,

huyen huyendo

cuando me desbordo

por los campos,

cuando siembro de

piedras pequeñas las

laderas,

cuando

inundo

las casas y los pastos,

cuando

inundo

las puertas y sus

corazones,

los cuerpos y

sus

corazones.


4
Y es aquí cuando

más me precipito

Cuando puedo llegar

a

los corazones,

cuando puedo

cogerlos por la

sangre,

cuando puedo

mirarlos desde

adentro.

Y mi furia se

torna apacible,

y me vuelvo

árbol,

y me estanco

como un árbol,

y me silencio

como una piedra,

y callo como una

rosa sin espinas.

5
Yo soy un río.

Yo soy el río

eterno de la

dicha. Ya siento

las brisas cercanas,

ya siento el viento

en mis mejillas,

y mi viaje a través

de montes, ríos,

lagos y praderas

se torna inacabable.

6
Yo soy el río que viaja en las riberas,

árbol o piedra seca

Yo soy el río que viaja en las orillas,

puerta o corazón abierto

Yo soy el río que viaja por los pastos,

flor o rosa cortada

Yo soy el río que viaja por las calles,

tierra o cielo mojado

Yo soy el río que viaja por los montes,

roca o sal quemada

Yo soy el río que viaja por las casas,

mesa o silla colgada

Yo soy el río que viaja dentro de los hombres,

árbol fruta

rosa

piedra

mesa corazón

corazón y puerta

retornados,

7

Yo soy el río que canta

al mediodía y a los

hombres,

que canta ante sus

tumbas,

el que vuelve su rostro

ante los cauces sagrados.

8

Yo soy el río anochecido.

Ya bajo por las hondas

quebradas,

por los ignotos pueblos

olvidados,

por las ciudades

atestadas de público

en las vitrinas.

Yo soy el río

ya voy por las praderas,

hay árboles a mi alrededor

cubiertos de palomas,

los árboles cantan con

el río,

los árboles cantan

con mi corazón de pájaro,

los ríos cantan con mis

brazos.

9

Llegará la hora

en que tendré que

desembocar en los

océanos,

que mezclar mis

aguas limpias con sus

aguas turbias,

que tendré que

silenciar mi canto

luminoso,

que tendré que acallar

mis gritos furiosos al

alba de todos los días,

que clarear mis ojos

con el mar.

El día llegará,

y en los mares inmensos

no veré más mis campos

fértiles,

no veré mis árboles

verdes,

mi viento cercano,

mi cielo claro,

mi lago oscuro,

mi sol,

mis nubes,

ni veré nada,

nada,

únicamente el

cielo azul,

inmenso,

y

todo se disolverá en

una llanura de agua,

en donde un canto o un poema más

sólo serán ríos pequeños que bajan,

ríos caudalosos que bajan a juntarse

en mis nuevas aguas luminosas,

en mis nuevas

aguas

apagadas.

martes, 2 de junio de 2009

ANTÍGONA


Hace unos pocos años, una amiga muy querida me contó que había ido a ver Antigona. Me recomendó ardientemente que la vaya a ver además decirme con todas sus letras que la obra me ha hecho acordar de ti. En ese momento no entendía muy bien lo que me estaba diciendo. Para empezar, por aquellos años no la había leido y no sabía, honestamente, de qué trataba. Sin embargo, ese comentario quedó grabado en mi mente.

Un tiempo despuès tuve la oportunidad de leer la obra y fui a ver una versión de un reconocido director de teatro. Me gustó. Creo que en ese momento se dio inicio a esta locura que hoy se va volviendo un proyecto de vida concreto. Por ello mismo, estoy vinculado a Antígona de una manera muy especial. Al conversar con esta amiga mía, me comentó que en realidad ella se refería a la adaptación de Antígona que había hecho el poeta José Watanabe y cuya representación caía sobre los hombros de Teresa Ralli. Por supuesto que sabía quién era: una de las mejores actrices de nuestro medio, y de cualquier medio. Además es integrante del grupo teatral probablemete más representativo de nuestro país: Yuyachkani.

Lamentablemente no pude verla hasta el último domingo, cuando me vi cara a cara con este personaje capaz de recorrer los siglos hasta mí.
En verdad, la historia, la muestra, la Ralli, todo, todo me conmovió.
Para quien no conoce la historia, Antígona es la hermana menor de dos guerreros que encuentran la muerte en una guerra entre dos bandos. Uno de ellos, Eteolces, quien peleaba supuestamente por Tebas recibe ante su muerte los funerales respectivos. El otro, el supuesto traidor, Polínices halla también la muerte, pero por un decreto real de Creonte no puede ser sepultado y es expuesto al aire libre para ser bocado de perros y pájaros. Evidentemente este hecho conmociona a Antígona, que se ve entre la disyuntiva de acatar un edicto de real de un rey que por lo demás, es tirano y prepotente , y la ley moral que habitaba en su corazón y que le ordenaba darle sepultura al cadaver putrefacto y vejado de su hermano.
Como mencioné, la obra me conmovió, pero así lo hizo porque me sentí plenamente identificado con la historia y con los personajes. En efecto, como ocurre con las tragedias griegas, pude reconocerme en Antígona, en su lucha por lo que considera justo. En no pocos momentos de mi vida me he ganado problemas por defender causas justas. Lo he hecho desde siempre, incluso desde que era un colegial. Y debo aclarar que no es un problema para aceptar la autoridad. No. Es solo que las injusticias se me hacen intolerables, y ahí donde muchos callan cobardemente, yo he hablado, he pelado y por supuesto...he perdido.....y he ganado. Porque, como Antígona, aunque sepultada viva en una tumba de piedra, siempre se supo libre y viva. Así se sabía porque no había desmayado frente al poder del fuerte, y porque no había escuchado la voz de los cobardes.
Es increíble cómo años después del comentario de esta gran amiga puedo sentirme identificado con la lucha de Antígona, porque esa lucha es una lucha que libramos todos aquellos que no aceptamos la injusticia, la tiranía, la prepotencia...
Comparto con Antígona el deseo de enterrar porque, como leía en el programa de mano de la obra, enterrar es darle significado a aquello que existió para seguir adelante, detenernos a mirar con atención, darle contenido.
Hoy por hoy en el que fuerzas del pasado quieren hacernos olvidar la tragedia de nuestro país, ver a Antigona nos refresca la memoria para decir con valentía que el poder nunca se debe ejercer sin controles. No se le debe permitir a nadie, en ningún contexto. Ver a Antígona es vernos a nosotros mismos.
Por lo demás, Antigona es una buena muestra de qué es hacer teatro en el Peru, y de cómo debe hacerse: con limpieza, con honestidad, con valentía, levantando la voz para que se nos escuche, para que nunca más nos aparezca un Creonte en nuestro pais que se sienta dueño del universo, en nuestro trabajo, en nuestra casa, o peor aun, para que nunca nos veamos al espejo convertidos en aquello que tanto repudiamos.





lunes, 25 de mayo de 2009

¿LA CUARTA PARED?


El teatro es un espacio especial, diferente de cualquier otro. Es un lugar en el cual, irónicamente, las máscaras, las verdaderas máscaras se caen para mostrarnos tal cual somos.
Sobre un escenario el actor es. Nada más. Simplemente es. Y no digo es bueno, o es malo, simplemente es.
En el escenario al actor lo rodean tres paredes. A cada una de ellas las podemos ver: la pared del fondo y las laterales. Todas ellas configuran lo que vendríamos a llamar el escenario. Sin embargo, y para fines prácticos y por la misma naturaleza del teatro, se levanta una cuarta pared, una imaginaria para el actor, aquella que hace que él no nos vea, o mejor dicho, que nos vea sin vernos, que nos perciba, que sienta nuestra respiración y viceversa.
Algunas veces-muy pocas por cierto- la cuarta pared se rompe de adentro hacia afuera, cuando los actores deciden interactuar con el público, aunque tambien hay veces en que ocurre de afuera hacia adentro, sobre todo en el teatro para niños, y ya hablaré de ello más adelante. Con todo, no es un fenómeno usual.
De todo lo dicho podemos sacar una lógica inferencia: nosotros somos la cuarta pared, los que vemos. Sin público no hay teatro, si no hay nadie a quien mostrar, no hay nada que mostrar. Así de simple, señores. Aunque a veces a los actores se nos olvida. Esa es la naturaleza del teatro.
Este blog intentará, dentro de sus muy modestas aspiraciones ir más allá de esa cuarta pared, mostrándonos algo que no se ve, pero que se siente.
A ratos, solo haremos agujeritos en la pared, a ratos y a punta de pico y pala nos la traeremos abajo y formaremos una nueva historia.
Ese es el reto. Ver algo con el alma aquello que no se ve con los ojos, de tan evidente.




domingo, 24 de mayo de 2009

BIENVENIDOS


"Por mí se va a la ciudad doliente, por mí se ingresa en el dolor eterno, por mí se va con la perdida gente.
La justicia movió a mi alto hacedor. Hízome la divina potestad, la suma sabiduría y el primer amor.
Antes de mí ninguna cosa fue creada, sólo las eternas, y yo eternamente duro: ¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza"




Cuando uno lee "La Divina Comedia" puede encontrarse con que en el canto tercero, a la entrada del infierno, Dante encuentra esta inscripción, lo cual sin duda, lo llena de temor y desconcierto.

Mientras pensaba cómo iba a llamar a mi nuevo blog, pensaba también de qué manera les daría la bienvenida a todos aquellos que desean encontrar un espacio de descanso virtual. Pensé y pensé. Hasta que finalmente llegué a este punto. Punto en el que les doy la bienvenida a este humlide, muy humilde blog. Punto en el que les abro mis brazos y los invito a entrar a esta aventura, la gran aventura de vivir. Así que...sin más, ahí va mi bienvenida más fomal:




"Por mí se va a una tierra desconocida, una tierra nunca visitada, nunca amada, virgen en todos sus aspectos, por mí se ingresa al mundo del ensueño y la fantasía, de la locura y el desvarío, de la nostalgia y la melancolía, de la plenitud y el sueño.

La urgencia de comunicar inspiró a mi creador, tengo un origen en la mente de todos aquellos locos que aman el arte, pero no tengo fin..soy eterno.

Oh vosotros los que aquí entráis, os digo honestamente: abrid las alas, cerrad los ojos y preparaos para volar, para soñar, para vivir..."