domingo, 9 de agosto de 2009

MAL DE JUVENTUD


Reza algún dicho que la vida es un ensayo para nada, que vamos en este camino intentando formas y maneras de vivir a manera de preparación para un debut que nunca llega. En ese camino, nos equivocamos, nos caemos y nos damos de cara contra la pared, caemos como una papa, y más rapido que volando nos levantamos, nos sacudimos la tierra, y seguimos andando.

Dicen tambien que la edad llamada a cometer esos errores es la juventud, que ella se encuentra plagada de errores y desaciertos, de metidas de pata y yerros en el camino. Todo esto la hace tan fascinante. Digamos que tenemos licencia para matar. Muchos, al ver que esa juventud ha quedado atrás, se sienten profundamente tristes, frustrados y desolados. La licencia expiró y no hay opción a renovarla. Como dice la publicidad de un conocido banco, el tiempo pasa solo una vez. Una vez que ocurrió, no vuelve más, no regresa. Cada momento es único, irrepetible y pleno. La razón, muchas veces para perdernos ese regalo es que vivimos en el lastre del ayer o en el incierto e inexistente futuro. Un futuro que nunca llega, que nunca asoma, al que no se le conoce la cara, pero muchos se hacen viejos esperando.

Cuando la vejez llega- y no me refiero solo la cronólogica- no se puede dar vuelta en U. No hay más. No hay derecho a devolución.

Todo esto me hizo pensar la obra "Mal de Juventud" de Ferdinand Bruckner, dirigida por mi amigo Jorge Villanueva, en el CCPUPC. La obra me hizo recordar aquellas licencias que me di, esas travesuras inenarrables en un blog tan decente como este, las picardías adolescentes y los excesos cometidos. Lo recordé y me reí a solas, y las travesuras se hicieron presentes nuevamente.

Aunque la obra ya no está en escena, recomiendo todas aquellas dirigidas por Jorge Villanueva, sobre todo por la agudeza y por la precisión con que toca diversos temas, sobre todo, los más actuales, aquellos que nos remecen. Y es que si uno regresa del teatro de la misma manera como fue, entonces la obra no ha servido para nada. Lo escénico tiene que desinstalarnos, movernos, inquietarnos. Puede y debe hacernos pensar, sentir. Puede incluso despertar odios y rabias, finalmente, de todo ello se nutre para seguir vivendo.


domingo, 2 de agosto de 2009

ESTA OBRA ES UN DESASTRE


Conocí a Micheal Frayn hace muy poquito, con Copenhangue. Era la primera vez que veía una obra suya y me pareció genial, de una calidad admirable. Por eso mismo, cuando me enteré de que otra de sus obra iba a estar sobre nuestra tablas, me decidí a verla. La obra se titula "Esta obra es un desastre", aunque en realidad, está lejos de tal cosa. El título en inglés original es Noises off, algo que traducido al español sería una cuestión parecida " bulla alla fuera..." o algo así. La trama es simple: un grupo de teatro, liderado por un director frustrado emprende la tarea de poner en escena una obra llamada Esta ropa hay que quitarse, y cuyo título original en inglés es Notihng on. La traducción de esto vendría a ser algo así como "sin nada" o "sin ropa" o "sin nada encima"; vale decir, calatos, en bolas, en cueros , en fin. Originalmente, nada tendrìa que salir mal, si no fuera por el hecho de que el elenco está conformado por una actriz sorda, un viejito olvidadizo de sus textos, un galán hipocondriaco e hipersensible, una actriz harta de seguir actuando, entre otras perlas. Además el equipo de producción está conformado por una asistente asustadiza y enamorada platónicamente del director, y un tramoyista que no duerme hace cinco días. El resultado es fácil de imaginar: un completo fracaso. Lógicamente, este fracaso es el de la obra dentro de la obra, porque la obra de Frayn se vuelve deliciosa e inconteniblemente graciosa. Existe en todo momento un manejo fino del humor.

Por otro lado, la obra de Frayn nos muestra, sobre todo en el segundo acto la manera en la cual se pueden aprovechar todos los aspectos escénicos. En ese sentido, la escenografía es todo un personaje, con un lenguaje propio y un sello importante y crucial para el desenlace de la historia.

Como dato anecdótico, comentaré que una amiga hace poco me comentó que las relaciones interpersonales en el teatro pueden estrecharse mucho, lo cual es verdad; sin embargo también puede ocurrir lo contrario: el odio más descarnado y descarado, como ocurre con la obra dentro de la obra. Los personajes terminan odiándose el uno al otro, amándose y odiándose al mismo tiempo.

Esta obra es un desastre es una obra altamente recomendable por la precisión del texto y de la puesta, que son de una categoría importante.

Vale la pena asistir a ver descalabros, fracasos y desprópositos. El teatro enseña una vez más: en todo y de todo podemos nutrirnos, incluso de aquello a los que hemos decidido llamar desastre.